En canoa, bicicleta o a caballo, así cumple su labor el personal de salud de los municipios más apartados del sur del Táchira. En Uribante, Fernández Feo y Libertador las enfermeras se cercioran de llevar las dosis del esquema nacional de vacunación a las aldeas más remotas, valiéndose de cualquier medio de transporte.

Su vocación de servicio es su motor principal. Desde muy temprano, la enfermera del ambulatorio en el sector Campo Barinas, municipio Libertador,  sale y llega a Paramito y San Isidro, su medio de transporte es su bicicleta. Aunque le sirve de ejercicio, su principal motivación es llevar una pequeña jornada de vacunación hasta estos sectores. Ese día logra vacunar 40 personas, entre niños y adultos.

Ahora, el profesional de enfermería que quiere llegar a Riberas del Uribante en el municipio Fernández Feo, debe  tomar una canoa y luego usar un caballo, allí no solo colocan la vacuna contra la fiebre amarilla sino las vacunas que estén disponibles y que requieran sus habitantes.

Francisco Leal, jefe del Distrito Sanitario número 7, cuenta estas historias para destacar  el enorme esfuerzo que realizan las enfermeras de los ambulatorios de los municipios Fernández Feo, Libertador y Uribante en su afán de cumplir con la meta de cobertura de vacunación.

Destinan días enteros para llegar hasta los sectores más apartados y menos favorecidos del sur del Táchira, y llevarles las dosis  del esquema nacional de vacunación. «No tienen un salario que compense este enorme esfuerzo, pero les sobra vocación y eso es invaluable».

Comentó el galeno, que la próxima semana tienen previsto llegar a la aldea La Valeria en el municipio Fernández Feo, una zona muy apartada a la que necesitan llevar las vacunas para proteger a sus habitantes

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