En una constante angustia se ha convertido la vida no sólo de los tachirenses sino de la gran mayoría de los venezolanos que día a día tienen que lidiar con los continuos cortes de energía eléctrica, que, aunque pareciera que han disminuido en duración en algunos sectores no ha sido así en frecuencia, pues en el momento menos esperado   llegan los temidos apagones no importa la hora, algunos duran escasos minutos y otros horas, quedando muchas tareas sin concluir y los ciudadanos sumidos en la impotencia y la rabia.

Y así pasan los días y semanas, en una total incertidumbre y desasosiego ante la inacción de la empresa estatal bajo cuya responsabilidad se encuentra el suministro de éste vital servicio público: Corpoelec, pareciera que no le interesa que la gente viva en un corre-corre para ver si alcanza a trabajar, estudiar o realizar las actividades básicas antes de que se vaya nuevamente la luz o que las empresas e industrias se encuentren prácticamente paralizadas.

Hay comunidades que son más afectadas que otras, lo que no debe ser considerado un consuelo y muchos menos un privilegio pues a la final todos los ciudadanos sufren los efectos de la falta de electricidad en sus actividades cotidianas, es así como   conservar los alimentos y cocinar se convierte para muchas personas en una odisea,   pues además de no tener energía eléctrica tampoco tienen gas, nada fácil la tienen los tachirenses hoy en día ante tanta calamidad.   

Aunque desde hace algunos meses Corpoelec estableció un plan de distribución de cargas, el mismo no se ha cumplido ni siquiera por una semana a cabalidad, pues en el momento menos esperado y sin aviso y sin protesto las comunidades se quedan sin energía eléctrica y solo queda rogar a Dios que los pocos electrodomésticos que aún quedan en funcionamiento no hayan sufrido algún daño porque, al igual que con el suministro del servicio, nadie responde por los daños causados y mucho menos Corpoelec.

Es necesario recordar que la crisis eléctrica que vivimos los venezolanos actualmente sin distinción alguna y aunque unos estados han sido más golpeados que otros,  pero en definitiva es una situación que mantiene a la población sumida en la desesperación, la zozobra y la desesperanza, es gracias al manejo doloso e inescrupuloso de los recursos del Estado por parte de un grupito de funcionarios de alto nivel que vieron en la famosa emergencia  eléctrica, decretada por el extinto presidente Chávez en el 2010, la oportunidad de hacer el gran negocios de sus vidas.

Y en donde más de uno se «embolsilló», robó y/o desplumó miles de millones de dólares destinados al mantenimiento de las termoeléctricas, embalses, infraestructura, compra de insumos, entre otros, ante la mirada complaciente y la participación del ministro de turno, sin que hasta el momento se haya llevado a cabo una investigación seria por parte de las instancias del Estado para establecer responsabilidades, mientras los ciudadanos continúan viviendo un calvario por la falta de electricidad por 6, 9, 18 y hasta 24 horas.

Esperar que el servicio de energía eléctrica se normalice en poco tiempo no es una opción viable por lo menos a corto plazo, para nadie es un secreto que la infraestructura de Corpoelec y sus filiales es un desastre donde reina la desidia y la incapacidad, aunado por supuesto a la falta de personal calificado que pueda dar respuesta a los usuarios en relación a los cortes indiscriminados de electricidad y les permita, al igual que a las empresas públicas y privadas, comerciantes y sociedad en general, organizar sus labores y ser más productivos en medio de ésta catástrofe nacional.  

Sonia Maldonado CNP 7.996

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